Pocos pueblos en Colombia tienen una historia tan atada a un río, a una mina y a una identidad cultural fuerte como Montelíbano. Entender de dónde viene este municipio ayuda a entender por qué hoy es uno de los polos económicos más importantes del departamento de Córdoba.
La región donde hoy está Montelíbano fue habitada por comunidades indígenas de la familia Zenú, también conocidos como Sinúes. Estos pueblos, famosos por su orfebrería en oro y por los sistemas de canales que construyeron en la depresión momposina, se movían por toda la cuenca del río San Jorge y sus afluentes mucho antes de la llegada española.
Todavía hoy, en excavaciones en el sur de Córdoba y norte de Antioquia, aparecen piezas zenúes: narigueras, orejeras, figurillas. Muchas de ellas están en el Museo del Oro Zenú de Cartagena. Lo que quiere decir que la tierra donde se fundó Montelíbano no era monte virgen: era territorio habitado, cultivado y navegado.
Durante la Colonia, la zona del San Jorge fue principalmente ruta de tránsito. Los españoles fundaron poblados más al norte (Ayapel, San Benito Abad) y al oeste (Montería). La región donde hoy está Montelíbano era monte, ríos y caminos de arriería. La gente se movía a caballo, en canoa o a pie.
El nombre "Montelíbano" es curioso. Según los historiadores locales, viene de la mezcla entre "Monte" (por la abundancia de bosques) y "Líbano" (por un personaje de la región o, según otras versiones, en honor al país del Medio Oriente, tradición común en varios municipios colombianos que tomaron nombres bíblicos o geográficos). No hay una versión única aceptada, y esa ambigüedad es parte del encanto.
La fundación oficial como municipio en 1954 fue el resultado del crecimiento natural del corregimiento. La gente que vivía allí —agricultores, ganaderos, pescadores del San Jorge— ya formaba una comunidad con iglesia, escuela, mercado y vida propia. El decreto solo oficializó lo que era una realidad.
Si hay que dividir la historia de Montelíbano en dos, la línea es Cerro Matoso. En los años 60, geólogos descubrieron que en una formación rocosa cerca del casco urbano había uno de los yacimientos de níquel más grandes del mundo. La exploración comenzó en 1969, y tras varios años de pruebas, la explotación comercial arrancó en 1982.
Lo que pasó después es difícil de exagerar. Montelíbano pasó de ser un pueblo agropecuario tranquilo a uno de los municipios con más movimiento económico del Caribe. Llegaron ingenieros, técnicos, obreros, comerciantes. Se construyeron barrios nuevos (el más emblemático, El Prado, nació en buena parte como zona residencial para empleados de la mina). La población se multiplicó, el comercio explotó y las regalías transformaron la infraestructura pública.
"Antes de Cerro Matoso, Montelíbano era un pueblo de ganaderos. Después, nunca volvió a ser el mismo." — frase común entre los mayores del pueblo
Entre 1980 y 2000, Montelíbano vivió una expansión urbana acelerada. Se pavimentaron vías, se construyeron colegios, se mejoró el acueducto (aunque todavía hoy hay barrios con problemas de agua), llegaron bancos, llegó la televisión por cable, y llegaron costumbres urbanas a un pueblo que seguía teniendo alma rural.
La inmigración fue clave: llegaron familias desde Antioquia, Sucre, Bolívar y el interior del país buscando trabajo. Esa mezcla es la que hoy explica por qué en Montelíbano uno escucha acento paisa, costeño, sabanero y cachaco en la misma cuadra.
No se puede contar la historia reciente de Montelíbano sin hablar de los años del conflicto armado. El sur de Córdoba fue una región afectada por la presencia de grupos armados ilegales (guerrillas, paramilitares y posteriormente bandas criminales), especialmente en la zona rural. Pueblos vecinos como Puerto Libertador y San José de Uré vivieron episodios muy duros.
Montelíbano, en el casco urbano, estuvo relativamente menos expuesto gracias al peso económico de Cerro Matoso y la fuerza pública asociada. Pero los corregimientos y veredas sí sufrieron. Esa historia todavía marca las conversaciones de los mayores y es parte del tejido social del municipio.
En los últimos 15 años la situación ha mejorado notablemente, aunque siguen existiendo desafíos en materia de orden público y desarrollo rural. Es una historia que todavía se está escribiendo.
Cerro Matoso sigue siendo el motor económico principal, pero el municipio ha empezado a diversificarse: comercio local, servicios, agricultura, ganadería, educación (hay sedes universitarias), salud (clínicas privadas importantes), transporte. La dependencia de la mina sigue siendo alta, pero cada vez hay más montelibaneros apostándole a otras formas de ganarse la vida.
Con más de 120.000 habitantes, Montelíbano es hoy el segundo municipio más poblado de Córdoba (después de Montería), y uno de los más importantes del sur del departamento. Su zona de influencia cubre municipios como La Apartada, Puerto Libertador, Buenavista y San José de Uré.
Si te interesa la historia, estos son sitios en los que vale la pena fijarse cuando camines por el pueblo:
Montelíbano está en un momento interesante. Cerro Matoso ha tenido que renegociar contratos con el Estado, hay debates sobre regalías, sobre medio ambiente y sobre el futuro económico del municipio cuando la mina deje de producir (eso va a pasar en algún momento). Al mismo tiempo, hay una generación joven que está estudiando, montando negocios, haciendo contenido, emprendiendo. El futuro no está escrito.
Lo que sí es seguro es que este pueblo a orillas del San Jorge tiene una identidad propia, un sabor particular, y una historia que merece ser conocida. Si llegaste hasta aquí, ya tienes una base para entender por qué Montelíbano es Montelíbano.